Un traje de baño bien cuidado dura temporadas. Uno mal cuidado dura un verano. Y la diferencia no está en el precio que pagaste, sino en tres o cuatro hábitos que toman menos de un minuto.
El enemigo número uno no es el mar: es el cloro. Ataca directamente las fibras elásticas y las va debilitando hasta que la prenda pierde su forma. Después vienen el bronceador y los aceites, que manchan y se impregnan, y el calor — secadora, plancha o dejarlo secando al sol directo por horas.
Y hay uno que casi nadie considera: el roce. Sentarte directamente sobre cemento, piedra o el borde de la piscina desgasta el tejido en cuestión de días. Una toalla debajo resuelve el problema.
Con agua fría, ahí mismo si puedes. Mientras más rápido saques el cloro, la sal y el bronceador, menos tiempo tienen para actuar. Este paso solo es el que más vida le da a la prenda.
Agua fría y jabón neutro. Sin frotar, sin refregar y sin retorcer para escurrir: apriétalo suavemente con las manos o envúelvelo en una toalla y presiona.
Blanqueador, quitamanchas y suavizante dañan la elasticidad. El suavizante es especialmente traicionero: deja la prenda suave al tacto mientras destruye las fibras que la hacen ajustarse a tu cuerpo.
Extendido y nunca en secadora. El calor es lo que más rápido arruina un tejido elástico. Tampoco lo cuelgues mojado de una pinza: el peso del agua deforma la zona colgada.
Los cuidados ayudan, pero no hacen milagros: si el tejido no está hecho para resistir, se va a arruinar igual.
Por eso trabajamos con tejidos resistentes al cloro, al agua salada, al sol y a los bronceadores, con costuras reforzadas y acabado anti-peeling — ese que evita las bolitas que aparecen en la tela con el uso. Y toda nuestra línea lleva protección solar UPF 50+ incorporada al tejido, que no se lava ni se gasta.
Es distinto. La línea deportiva sí se puede lavar a máquina: en frío, ciclo suave y del revés. Lo único prohibido también acá es el suavizante. Y al igual que el swimwear, se seca a la sombra.
Completamente seco, doblado sin apretar y en un lugar sin humedad. Si lo guardas húmedo aparecen manchas y olor que después no salen. Y si tiene copa estructurada, no la dobles: deforma la copa de forma permanente.
Enjuagar con agua fría después de cada uso. Lavar a mano, sin detergente agresivo. Secar a la sombra, nunca en secadora.
Eso es todo. Menos de un minuto al día por varias temporadas de diferencia.
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